— Carta del Director

El Vestuario y el Personaje de Admirador Nocturno

Por Tony Bonet Guardia · 18 años

«Hay cosas que llevas dentro mucho antes de saber qué son. El Admirador es una de ellas.»

Me llamo Tony, tengo dieciocho años y todo lo que vais a ver en estas fotos lo he hecho yo. No tenía un equipo de vestuario, ni un presupuesto, ni un taller. Tenía una idea metida en la cabeza que llevaba meses sin dejarme dormir: un personaje vestido de rojo, encapuchado, con una máscara que no fuera del todo humana. Una figura que apareciese en el camino y que, sin necesidad de hablar, lo dijera todo.

Empecé como empieza casi todo en mi cine: con un cuaderno, un lápiz y mucha imaginación. Dibujé al personaje decenas de veces, probé telas en casa, junté retales, manché tejidos para envejecerlos, busqué máscaras que pudiera intervenir a mano. Lo monté pieza por pieza, equivocándome, deshaciendo, volviendo a empezar. No tenía maestros ni referencias técnicas: tenía pasión.

El Admirador Nocturno — vestuario completo sobre el modelo
El Admirador · Vestuario completo

— Proceso

Construir un personaje con las manos

Cada elemento del traje tiene un porqué. El rojo no es un rojo cualquiera: es un rojo manchado, sucio, herido, como si el personaje cargara con algo que no se puede limpiar. La capa corta sobre los hombros me servía para darle una silueta más antigua, casi ritual, como de figura religiosa olvidada. La cuerda en la cintura es voluntaria: necesitaba que pareciera un hábito, no un disfraz. Que diera la sensación de que el Admirador pertenece a otro tiempo.

La máscara la trabajé aparte. Quería una pieza que no fuera del todo cara, ni del todo cráneo, ni del todo pájaro. Algo a medio camino entre lo humano y lo simbólico, con un pico largo que recordara a las máscaras de la peste pero sin caer en el cliché. La intervine a mano, la envejecí, la ensucié hasta que dejó de parecer un objeto y empezó a parecer un rostro.

Hice todo esto con lo que tenía a mano y con las personas que tengo cerca. Cada nudo de la cuerda, cada mancha de la tela, cada arruga de la capucha es una decisión mía. Quizá nadie lo note. Yo sí lo noto. Y eso, para mí, ya es suficiente.

El vestuario del Admirador Nocturno colgado en una percha
Vestuario · Estudio · 2026

— Ver el traje terminado

La primera vez que existió fuera de mi cabeza

No sé cómo explicar lo que sentí cuando vi al actor por primera vez con el traje puesto. Llevaba meses imaginándolo. Lo había dibujado, soñado, descrito, defendido delante de gente que no entendía lo que quería hacer. Y de repente estaba ahí, delante de mí, andando. Respirando dentro de la máscara. Real.

Me temblaron las manos. No por miedo, sino por algo más raro: la sensación de que algo que solo existía en mi cabeza ahora existía en el mundo. Sentí orgullo, sentí vértigo, sentí ganas de llorar y de filmar al mismo tiempo. Pensé en todas las horas en las que dudé si esto tenía sentido. Y entendí que sí.

Ese momento, para mí, ya es la película.

— El personaje

Una presencia, no un monstruo

El Admirador no grita. No corre. No persigue como persiguen los asesinos de las películas que vi de adolescente. El Admirador aparece. Está. Mira. Se queda quieto el tiempo justo para que sepas que ya no estás solo. Cuando se mueve, lo hace despacio, con una calma que da más miedo que cualquier carrera.

Para mí no es exactamente una persona. Es una idea con forma humana. Es lo que pasa cuando alguien que parecía querernos resulta no ser quien decía ser. Es la traición vestida de devoción. Por eso lleva un hábito: porque adora a alguien. Y por eso esa adoración da terror.

Su silencio es lo que más me obsesiona. He escrito y reescrito sus escenas pensando en cómo conseguir que no necesite ni una palabra para imponerse. Quiero que el espectador sienta lo que yo sentí cuando lo imaginé por primera vez: ese frío seco que te recorre la espalda cuando entiendes que no hay forma de razonar con él.

He adjuntado en esta misma página las fotos del traje y del modelo con el vestuario puesto, para que podáis ver el resultado final con vuestros propios ojos. No son fotos de campaña ni de una sesión cara: son las fotos honestas de un proyecto pequeño hecho con un corazón enorme.

Si algo me gustaría que se entendiera al ver todo esto, es que detrás de cada arruga de esta capa, de cada mancha de esta tela y de cada línea de esta máscara hay un chaval de dieciocho años que no se está esperando a tener permiso para hacer cine. Lo está haciendo ya, con lo que tiene, desde donde puede.

Gracias por leer hasta aquí. De verdad.

— Tony Bonet Guardia
Director · TeatreStudios

— Plataforma de financiación colectiva

Verkami — plataforma de crowdfunding cultural

La campaña de financiación de esta producción se desarrolla a través de Verkami, plataforma de crowdfunding especializada en proyectos creativos y culturales. Su ecosistema de mecenas y herramientas para creadores permite que iniciativas independientes como esta puedan conectar directamente con su comunidad y hacer realidad nuevas producciones audiovisuales.

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